La infamia humana no se conmueve, ni siquiera, con catástrofes de tal magnitud como la que en fechas recientes ha sufrido Japón, con un terremoto, el consiguiente tsunami y el aún candente peligro nuclear. Obviamente, y si empezábamos estas líneas hablando de la infamia, también debemos reconocer que la solidaridad (que también la hay) se ha puesto en marcha, y que se están llevando a cabo campañas para recoger todo tipo de ayudas destinadas al país del sol naciente. Y es, precisamente, de estas de las que se valen los creadores de malware (aquellos a quienes hemos llamado infames) para “sacar tajada” del desastre.